Una joven y sus acompañantes denuncian una agresión desproporcionada por parte del personal de control de acceso, mientras la discoteca condena los hechos e inicia una investigación y la empresa de seguridad sostiene que actuaron ante un ataque previo del grupo, aportando partes de lesiones de sus trabajadores
Un grave episodio de violencia en el ocio nocturno de Almuñécar ha reabierto el debate sobre la actuación y gestión de los servicios de control de acceso y seguridad en los establecimientos. Los hechos ocurrieron durante la madrugada del domingo, 9 de agosto, cuando una joven local, acompañada por su hermano y su pareja, vivió lo que define como «una auténtica pesadilla» tras acudir a una zona de marcha de la localidad.
Según expone la denunciante, el conflicto se originó por un hecho fortuito dentro del recinto. Tras romper el tacón de uno de sus zapatos, la joven procedió a descalzarse para evitar caídas mientras esperaban a que un encargado les facilitase una solución temporal o localizase algún calzado de recambio. En ese intervalo de tiempo, según relata la víctima, uno de los integrantes del equipo de control de acceso se dirigió a ella de malos modales por encontrarse descalza. Al intervenir su hermano para explicar el motivo del percance y pedir un trato respetuoso, la situación escaló de inmediato. «Le metió un tremendo empujón a mi hermano que lo tiró al suelo junto a la valla», explica la joven.
A partir de ese instante, la tensión fue en aumento y la confrontación se trasladó a las puertas del establecimiento. La denunciante asegura que el personal de control arremetió de forma desproporcionada contra los dos jóvenes utilizando defensas o porras extensibles —cuyo uso está severamente regulado y restringido por ley para el personal de seguridad privada—, llegando a intervenir varios testigos y conocidos del municipio para intentar frenar la agresión. Durante el altercado, la propia joven resultó lesionada al intentar mediar para calmar los ánimos: «Intenté hablar con el que nos había hablado mal y, casi sin terminar la frase, estaba en el suelo del empujón que me metió con un pisotón de tobillo previo».
Las consecuencias físicas del suceso requerirán un proceso de recuperación para los afectados. Tras acudir inicialmente a los servicios de urgencias de Almuñécar, la gravedad de los traumatismos obligó al traslado de la joven y de su pareja al Hospital de Motril para la realización de pruebas radiológicas y diagnósticas. El parte médico derivó en un diagnóstico de esguince grave para la joven y diversas contusiones para su hermano. Sin embargo, la peor parte se la llevó su pareja, quien, tras ser sometido a diversas pruebas ecográficas de urgencia debido a los contundentes golpes recibidos en la zona genital, tuvo que ser intervenido quirúrgicamente en quirófano para la extirpación de un testículo, quedando posterior y actualmente ingresado.
Los afectados han confirmado que emprenderán las correspondientes acciones legales y judiciales para depurar responsabilidades por los daños físicos y psicológicos causados, señalando de forma directa la actuación del personal contratado para la custodia del local y desvinculando la gestión directa del establecimiento de la conducta individual de los agresores.
El establecimiento manifiesta su rechazo y anuncia medidas disciplinarias
Por su parte, la dirección del establecimiento ha hecho público un comunicado oficial en el que expresa su «más profundo pesar» y condena enérgicamente los hechos acaecidos en sus instalaciones. La empresa subraya su rechazo absoluto a cualquier tipo de violencia o falta de respeto e informa de que ya ha iniciado una investigación exhaustiva e interna para esclarecer los detalles de lo sucedido. Asimismo, han asegurado que actuarán con «absoluta contundencia» a la hora de depurar responsabilidades y adoptar las medidas disciplinarias y legales oportunas contra los implicados, al tiempo que han deseado una rápida y completa recuperación a las personas afectadas.
La empresa de seguridad desmiente los hechos y sostiene que sus trabajadores actuaron en defensa propia
Por último, la empresa de seguridad encargada del servicio, Blackhound, ha ofrecido su versión de lo acaecido, rechazando tajantemente las acusaciones y asegurando que la intervención de sus empleados fue en respuesta a un comportamiento violento por parte del grupo. Según la entidad, el desencuentro comenzó por el incumplimiento del código de vestimenta —al acudir los tres jóvenes en chanclas— y escaló cuando se le advirtió a la joven sobre el peligro de permanecer descalza. De acuerdo con este relato, los implicados reaccionaron de forma chulesca y amenazante, intentando agredir al personal e iniciando un altercado en el exterior donde habrían lanzado botellines, piedras y cristales al grito de «os vamos a matar».
La empresa sostiene que el vigilante y los controladores tuvieron que defenderse ante la agresión —en la que se habrían involucrado más personas— y asegura que tres de sus trabajadores resultaron lesionados, precisando uno de ellos puntos de sutura por cortes con vidrio, otro con luxación de hombro y el vigilante con contusiones en el rostro. Asimismo, la firma niega rotundamente el uso de material ilegal, defiende la profesionalidad y la ausencia de antecedentes de su personal, y afirma disponer de grabaciones e informes médicos que pondrán a disposición de la justicia para esclarecer la verdad sobre el incidente.
