Juan Antonio Arcos, párroco: «El Paso de Almuñécar es una auténtica catequesis viva que sigue conmoviendo el corazón»



Tras cuatro años al frente de la parroquia de la Encarnación, Juan Antonio Arcos se ha convertido en una figura clave para entender la vibrante vida espiritual de Almuñécar. En una entrevista concedida a Almuñécar Comunicación, el párroco reflexiona sobre su llegada al municipio, el impacto de las tradiciones locales y el verdadero sentido de la fe más allá de lo visible

El cambio para Juan Antonio fue, en sus propias palabras, «radical». Acostumbrado a parroquias de unos mil habitantes en la zona de Loja o Torre Nueva Costa, aterrizar en una ciudad de casi 30.000 personas supuso un reto de gestión y atención pastoral. Sin embargo, lo que más le impactó no fue el número, sino la pluralidad.

«Lo primero que sorprende es la cantidad de gente y la gran variedad de sensibilidades a la hora de vivir la fe. Hay quien prefiere una fe más recogida y de intimidad, y quien la expresa de forma más sensible a través de las cofradías. Al final, se trata de enriquecernos unos a otros», explica el párroco.

Uno de los puntos álgidos de la charla fue la mención a «El Paso», el drama sacro tan característico de la Semana Santa de Almuñécar. Para Arcos, esta representación visual es mucho más que un evento turístico; es una herramienta teológica de primer orden.

«El Paso es una auténtica catequesis», afirma con convicción. En un mundo saturado de pantallas y contenido digital, le sigue sorprendiendo cómo estas imágenes en movimiento y el sermón del sacerdote logran conmover a la gente de hoy, tal como lo hacían hace dos siglos. «Es un gran tesoro que tenemos la responsabilidad de cuidar para que se prolongue de generación en generación».

Ante el riesgo de que la Semana Santa se quede solo en el adorno externo, Juan Antonio Arcos propone una receta clara: formación. Aunque reconoce que la fe entra por los sentidos, advierte que quedarse solo en la belleza estética es quedarse «en el 50% del misterio».

Con la cercanía que dan cuatro años de convivencia con los sexitanos, Juan Antonio se siente ahora «mucho más cómodo y relajado», conociendo los nombres y las realidades de sus feligreses. Para esta Semana Santa, su deseo es que tanto el devoto de toda la vida como el turista que se encuentra con una procesión por azar, busquen un momento de silencio.

«Invito a todos a pararse en un rinconcito tranquilo y contemplar la imagen. Que dejen que esa contemplación suscite lo que tenga que suscitar en el corazón, porque al final, eso es oración», concluye.

ENTREVISTA COMPLETA


Almuñécar Comunicación (AC): Juan Antonio, ¿qué tal? Buenas tardes.

Juan Antonio Arcos (JAA): Buenas tardes, muy buenas.

AC: Juan Antonio, después de su trayectoria en distintas comunidades, ¿qué es lo que más le sorprendió de la fe del pueblo sexitano al llegar a Almuñécar?

JAA: Bueno, la verdad es que Almuñécar te sorprende cuando llegas aquí. En primer lugar, por lo menos en mi caso particular, por la magnitud de la población. Yo venía de parroquias mucho más pequeñas. Mi primer destino fue Zagra, Ventorro de San José y La Viña, en la zona de Loja, que eran pueblos con unos mil habitantes cada uno. Después Torre Nueva Costa, que anda en torno a dos mil, y pasé después a un sitio que tiene casi treinta mil habitantes. Entonces, vamos, el salto es enorme.

Lo primero que sorprende es la cantidad de gente. Y eso tiene también la riqueza de la gran variedad de sensibilidades a la hora de vivir la fe. Cuando yo llegué a Almuñécar me encontré una parroquia muy grande, donde hay muchas personas, cada una con su forma de vivir la fe y de expresarla, y que necesitan atención. Fue una de las primeras cosas que más me llamó la atención.

Después, ya cuando vas conociendo el pueblo y te vas metiendo en la parroquia, te das cuenta de que al final la fe es la misma en todos los sitios. No hay más fe en un pueblo que en otro. Cada uno tiene sus peculiaridades, pero al final las personas, los seres humanos, expresamos nuestra fe de la misma forma. Es bonito cuando te metes en el pueblo y te das cuenta de que, tanto en pueblos pequeñitos como en pueblos grandes, estés donde estés, hay gente buena, gente sencilla, que quiere al Señor, que quiere a la Virgen y que quieren expresarlo. Así de fácil.

AC: Y entiendo también que esa pluralidad, esa riqueza de vivencia, enriquece aún más la fe de un pueblo.

JAA: Claro, efectivamente. Cuando hay distintas sensibilidades a la hora de expresar la fe, hay quien le gusta una fe más recogida, más de oración, más de intimidad con el Señor. Hay quien expresa su fe de una forma más sensible, más en la calle, más por el mundo de la cofradía. Al final se trata de enriquecernos unos a otros. Aquí no estamos haciendo competencia de si mi fe o mi forma de vivir es mejor que la tuya, sino que yo voy a compartir contigo lo que yo tengo y lo que yo vivo, y voy a recibir de ti lo que tú también me ofrezcas.

AC: ¿Cómo ha cambiado su propia vivencia de la Cuaresma y la Pasión desde que tiene la responsabilidad de guiar esta parroquia?

JAA: Bueno, Almuñécar tiene la peculiaridad y la grandeza —y también la responsabilidad para un párroco— del tema cofrade, de las cofradías. La Cuaresma es la misma para toda la Iglesia; los consejos cuaresmales son los mismos. Pero cuando hay que aterrizar en cada pueblo y adaptarte a las circunstancias, pues aquí tenemos que añadir a toda esa recomendación de oración, ayuno y caridad, el tema cofrade.

Aquí es llegar el Miércoles de Ceniza y, como todos sabemos, ya comenzamos: pregones, carteles, cultos de todas las cofradías… y esto es no parar. Cuando uno ve el calendario, lo ve lleno de actos cofrades y eso hay que atenderlo también. Yo como párroco, tanto como mis compañeros sacerdotes, tenemos que estar ahí atendiendo a lo que se nos pide para servir a las cofradías. Eso sí me ha hecho cambiar un poco. Yo hasta ahora no había tenido esta realidad de las cofradías y al llegar aquí hay que adaptarse a este mundo y atenderlo.

AC: Almuñécar tiene elementos únicos, como «El Paso», el drama sacro. Desde un punto de vista teológico, ¿qué cree que aporta esta representación visual a la fe del espectador que no aporta una procesión convencional?

JAA: Bueno, la verdad es que «El Paso» es algo muy distinto a una procesión convencional. «El Paso» es una auténtica catequesis. Yo lo llamaría a mitad de camino entre celebración y catequesis, puesto que es una representación de la Pasión pero donde interviene también el sermón del sacerdote —y cada sacerdote ahí le da su tinte personal— y donde intervienen las imágenes. La belleza del patrimonio artístico de las imágenes que van interactuando al mismo tiempo que el sacerdote va hablando lo convierte en una auténtica catequesis.

Fíjate, todavía hoy en esta era en que vivimos, que ya todo es digital y estamos acostumbrados a las imágenes, «El Paso» todavía sorprende. Yo muchas veces me imagino cuando lo veo: hace 100 o 200 años, cuando la gente contemplara estas imágenes moviéndose y escuchara el sermón… es que esto tenía que mover los corazones de la gente sí o sí. No había películas ni redes sociales. Hoy, estando acostumbrados a todo eso, todavía sorprende y conmueve; imagínate hace muchos años. Yo creo que es un gran tesoro que tiene la Semana Santa de Almuñécar y una gran responsabilidad, tanto de las cofradías como de la parroquia, el cuidarlo y mantenerlo tal cual para que se prolongue de generación en generación.

AC: A veces la belleza de la imagen y el arte también puede eclipsar el mensaje. ¿Cómo trabaja la parroquia para que el cofrade no se quede solo en el adorno, sino que llegue también al sentido, al corazón, a la fe?

JAA: Pues formación, creo que no hay otra receta. Intentar que haya mucha formación en este sentido. Es cierto que el arte y todo lo que tiene de externo el mundo cofrade es muy llamativo. Y es bueno, no digo que sea malo, porque la fe también entra por los sentidos. Cuando tú ves una imagen bella y eso te conmueve y te hace expresar algo en tu interior, esa imagen ya está consiguiendo lo que persigue.

Pero si nos quedamos ahí, nos hemos quedado en el 50% de lo que significa el misterio de la fe. Nos falta la parte de formación; de decir: «Bueno, esta imagen, este misterio que estoy contemplando, ¿de qué me estás hablando?, ¿qué escena bíblica es?, ¿qué mensaje hay detrás?». ¿A qué me está invitando la contemplación de este paso en mi vida personal como cristiano? Si lo que vemos en la calle no lo llevamos al terreno de lo particular, de la vida diaria, nos hemos quedado a medias.

AC: ¿Cómo es su relación con las hermandades y cofradías? Aquí en Almuñécar hay mucho ajetreo. ¿Dónde se establecen los límites?

JAA: La relación es buena. Lo digo ampliamente: la relación es bastante buena entre los sacerdotes y las cofradías. Es cierto que, al ser tantas (estamos hablando de 17 cofradías contando Pasión y Gloria), hay que establecer unas normas básicas. Normas básicas tanto en los templos (Encarnación, El Salvador, Velilla, San Sebastián, Los Marinos) como en la calle, donde la Agrupación de Cofradías está echando una mano. Esas normas articulan lo mínimo para que funcione la Semana Santa de la forma más ordenada posible. Después, ya cada cofradía se atiende a nivel particular; los hermanos mayores vienen a hablar conmigo para ver cómo enfocar o resolver asuntos específicos.

AC: Al margen de «El Paso», ¿cuál es su momento favorito de la Semana Santa de Almuñécar?

JAA: Me resultaría difícil quedarme con uno solo, porque la Semana Santa aquí tiene contrastes muy bonitos: desde la alegría del Domingo de Ramos con «La Borriquita», que me gusta mucho esa salida tan alegre, hasta el recogimiento de otras procesiones que invitan a la oración y al silencio. También las cofradías antiguas, cargadas con ese peso de la devoción generacional, hasta la alegría final del Domingo de Resurrección. Son contrastes tan grandes que no podría decirte uno solo. Depende del momento y del año que yo esté viviendo para quedarme con una escena u otra.

AC: ¿Qué papel juegan las cofradías en la vida diaria de la parroquia durante todo el año y en la ayuda a los más necesitados?

JAA: Me alegro de esa pregunta, porque mucha gente puede pensar que la vida de una cofradía termina cuando se encierra la procesión y hasta el año que viene. Y no, para nada. Evidentemente el momento culmen es la salida procesional, pero durante todo el año se hacen actividades, convivencias, almuerzos compartidos y grupos jóvenes que nos invitan a los sacerdotes a participar. Y echan una mano muy importante en Cáritas: recogida de alimentos, ayuda con material escolar al principio de curso… Tienen una dimensión caritativa y de acción social importantísima que muchas veces no se conoce, pero que forma parte de su vida.

AC: Para ir terminando, para el turista o el vecino que ve procesiones casi por casualidad, ¿a qué le invitaría a buscar detrás de la música y el incienso?

JAA: Lo invitaría a contemplar las imágenes. A pararse en un rinconcito tranquilo donde no haya mucho bullicio y que contemple el misterio que pasa por delante. Que deje que esa contemplación en el corazón vaya suscitando lo que tenga que suscitar, porque esa contemplación al final es oración, y es oración que habla al corazón. Ahí el Señor también está presente.

AC: Antes de terminar y dejando la Semana Santa de lado, ¿cómo ha sido el cambio de la parroquia en estos cuatro años que cumple al frente?

JAA: El cambio… bueno, yo no hablaría de un cambio radical en la parroquia. Al final los párrocos estamos de paso. Yo he continuado la labor de mis predecesores y, cuando me vaya, el que venga continuará con la mía. En cuanto a lo personal, sí te diría que después de cuatro años me encuentro mucho más cómodo porque ya conozco mucho más la realidad, a la gente de Almuñécar y la vida de la parroquia. Eso hace que los sacerdotes estemos más relajados con los feligreses y todo marche más fácil.

AC: Y por último, un mensaje para esta Semana Santa para todos los vecinos y devotos.

JAA: Simplemente mi mejor deseo es que no nos quedemos en lo externo. Lo externo es muy bonito y hay que aprovecharlo, pero que eso nos lleve a lo interior. Que realmente las procesiones y celebraciones nos lleven a un encuentro auténtico con Jesucristo, con el misterio de Cristo muerto y resucitado, que quiere que nos unamos a esa alegría de vivir con Él para siempre.

AC: Juan Antonio, con esas palabras nos quedamos. Muchísimas gracias y feliz Semana Santa.


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