No pretendo ni deseo que este anecdotario ciento quince se convierta en un artículo, escrito o texto pajolero, nada más alejado y apartado, por distanciado, de mi intención
Y es que esta acepción, palabro, vocablo o término puede estar relacionada con una persona impertinente o molesta y de esta guisa me podrían decir:
“No seas pajolero, déjame en paz y no me des la lata o la murga” … ¡decepción!
Si nos referimos a alguien despreciable o molesto a quien habla:
“En toda tu pajolera vida no has hecho nada de provecho” … ¡calamidad!
Y si es usado coloquialmente, depende del contexto o la situación para expresar el punto más o menos hostil o afectivo del hablante ante lo designado por el nombre al cual acompaña:
“Cautiva a todos y todas, nunca a ‘todes’, con su gracia pajolera” … ¡simpático!
La interjección ‘ea’, que proviene del latín ‘eia’, es una expresión española invariable utilizada en el habla oral para:
Animar: “¡Ea, tú puedes!”.
Mostrar conformidad o aceptación: “¡Ea, nos vemos a las cinco!” o “¡Ea, de acuerdo!”.
Zanjar o cerrar una charla o expresar resignación o fatalismo: “¡Ea, pues ya se acabó!” o “¡Ea, las cosas son así y hay que conformarse!”.
Consuelo, repetida de forma dulce se transforma en arrullo o canto de cuna para calmar un llanto o aliviar una pena: “Ea, ea…”.
Su sentido exacto cambia según el tono y la región.
El escritor, político, jurista y académico gaditano José María Pemán y Pemartín (1897 – 1981), escribió un brillante artículo de prensa en el que realizó un exhaustivo análisis psicológico, cultural y lingüístico de este vocablo tan arraigado en el habla andaluza por su sabiduría popular y su escepticismo, amén de la manchega.
Su desempeño abarcó el periodismo (columnista), dramaturgo, poeta y orador, adquiriendo una gran notoriedad en los años veinte, la Guerra Civil y el franquismo.
Defendía que la definición oficial se quedaba corta, ya que para él se trataba de una ’palabra comodín’, multifuncional y un monumento, por así decirlo, a la economía del lenguaje, porque es capaz de resumir densos estados de ánimo y filosofías de vida en sólo dos letras y la describía como un ‘suspiro dialéctico’ o un ‘atajo del idioma’, que evitaba tener que dar explicaciones farragosas, ya sobreentendidas.
Finalizada la clase de Lengua Española y consumido el relajante y preceptivo recreo con sus consabidas charlas, bocados y tragos, volvemos al aula y nos enfrentamos a las Ciencias Sociales. Hoy toca Geografía, que no se olvida del estudiado y atrayente ‘ea’.
¿Y cómo es eso?, se/os preguntarán/preguntaréis.
Nos trasladamos a un encantador y pintoresco municipio costero y marinero del nordeste de la provincia de Vizcaya (Bizkaia) en el País Vasco (España), que consta de 825 habitantes censados en 2025, situado a unos 50 km de la capital Bilbao y que… ¡bendita casualidad!… se llama ‘Ea’ (‘Ie’, en vasco).
El corto curso de agua que lo cruza también se denomina ‘Ea’, termina su itinerario en el mar Cantábrico formando una ría estrecha, su cauce es muy pequeño, recorre apenas unos kilómetros desde su nacimiento y cuatro puentes de piedra lo cruzan, conectando las dos partes del pueblo, ya que las viviendas se alinean a ambos lados del cauce.
Como curiosidad cabe destacar que el nivel de las mareas baja y sube de manera considerable cambiando por completo el paisaje de la zona. Su diminuto puerto sólo tiene agua cuando es pleamar llegando a medir la embarcación más grande cuatro metros de eslora.
Por tanto, los pescadores tienen que aprovechar minuciosamente las mareas, ya que de retrasarse se pueden encontrar sin agua al arribar al puerto después de faenar.
Su estrechísima playa, colapsada en verano y desierta en invierno supone también un desafío por la subida de la marea ya que, al ser muy llana y profunda, los bañistas tienen que recoger sus pertenencias ante el agua que avanza y trasladarse de lugar.
Resumiendo. No es solamente el pueblo con el nombre más corto de España, sino también el más angosto. Allí todo es diminuto y cautivador, destacando la paz y tranquilidad que se respira en esta remota y poco accesible villa y que está respaldada por su vecindad con dos de los destinos más renombrados de la costa vasca: la espectacular bahía de Lekeitio y Elantxobe, el ‘pueblo colgado del acantilado’.
Pero ahí no termina el asunto, porque en la Rioja Alta… ¡coincidimos con otro ‘Ea’!
Se trata de un río de 18 kilómetros de longitud, subafluente del Tirón que, a su vez, es afluente del Ebro, y en su curso encontramos la conocida y espectacular ‘Cascada del Río Ea’ o de ‘Roganto’ con un salto oculto de 12 metros y a poca distancia de Fonzaleche, pueblo de 140 habitantes en la comarca de Haro.
Y ahora sí damos por finiquitado este artículo gramatical – geográfico, que espero haya sido del agrado de todo y todas, jamás ‘todes’. ¡Sed/sean felices!
Juan de León Aznar… ¡ea!… esto ha sido todo por hoy… y cerramos el ‘quiosco’
