La Columna de Don Juan León | “La juventud es un disparate; la madurez, una lucha; la vejez, un remordimiento”


Si un director de cine o un escritor escogiera para sus creaciones títulos tan ‘atractivos’ y ‘sugestivos’ como: “Detrás del último no va nadie”, “La mano que pela por Juan ‘er Melena’ o “Lucha de negros en la boca de un túnel”, simplemente diríamos que se trata de un… ¡disparate!

     Que, ¿qué es? Pues una acción o dicho que carece de sentido o razón, similar a algo absurdo, desproporcionado, ilógico o incoherente y que, obviamente guarda relación con el desatino, el desvarío o el dislate

     Bolazo, burundanga (no relacionarla con la escopolamina), burrada o yeguada (Costa Rica y Guatemala) serían otros términos utilizables.

     “Que el arte culinario lo forman el ano y el recto”; “Que la UNICEF alimenta familias sin hijos”; “Que sexagenaria es la ciencia que estudia el sexo”; “Que el jefe del estado debe ser uno e indivisible”; “Que el termómetro es un tubo que tiene dentro opio”; “Que la estimulación hormonal se aprecia en el terreno sexual cuando tenemos miedo y se inhiben los testículos”; “Que podría hablar del mar años enteros, pero no puedo por el corto espacio de tiempo”; “Que la circulación de la sangre se para cuando hace mucho frío y el corazón vuelve a latir”; “Que las aguas salvajes son las que causan catástrofes y maremotos”; “Que San Lucas de Barrameda fue un santo andaluz”; “Que el corazón es un órgano vital mientras vivimos”; “Que la secreción salivar se creyó en un principio que era espontánea, pero luego se vio que era de origen sísmico”; “Que el Partenón era como el Congreso de los diputados”; “Que Platero es el burro de Juan Ramón” … son anécdotas docentes de bachillerato recogidas por el catedrático Luis Díez Jiménez (1920 – 2007) en su libro “Antología del disparate”.

     Yo, modestamente, también puedo aportar otras: 

     “Que dos productos que llegaron a Europa en la época feudal fueron los electrodomésticos y los taladros”; “Que el hombre del Paleolítico era poco inteligente, más feo y más bajo, mientras que el hombre del Neolítico piensa ’muncho’ más, menos feo y más alto, pero no mucho”; “Que un hijo póstumo es el que no tiene padre”; “Que las dos primeras Universidades que fundamos en América fueron Asturias y Nueva York”; “Que las tres características principales del clima desértico son los cactus, las tierras sueltas con algo de calor y valor para atravesarlos”; “Que si hay dos pares de zapatos y los dos te gustan , te los puedes llevar en la sociedad capitalista; pero en la sociedad socialista, si hay dos pares de zapatos y los dos te gustan, si no los compras te quedas sin ellos”; “Que los tres grados que existían en las Universidades eran el primario, el secundario y el terciario”; “Que las facultades estaban gobernadas por un facultador”; “¿Que en qué año se publicó el primer libro en América? La verdad sea dicha, no creo que sea muy importante” … todas ellas extraídas de mi libro “Amigos de la Historia”. 

     Se trata de echar a volar la imaginación y la creatividad, inventar historias, y generar y fomentar nuevas ideas; pero, sobre todo, conseguir el anhelado punto que le lleve al aprobado para el posterior…  ‘progresa adecuadamente’

     Escribió Benjamin Disraeli (1804 – 1881), político, escritor y aristócrata británico: “La juventud es un disparate; la madurez, una lucha; la vejez, un remordimiento”.

     En el libro ‘Sivainvi’ del escritor y novelista de ciencia ficción estadounidense Philip Kindred Dick (1928 – 1982), podemos leer: “Es asombroso que cuando alguien suelta los disparates en los que uno cree, es posible percibirlos como tales”.

     “He tenido buena suerte con mis subalternos. Cuando les daba órdenes atinadas no las cumplían, cuando les mandaba a hacer disparates los realizaban inmediatamente”. De esta manera irónica se expresaba el abogado y político chileno Arturo Fortunato Alessandri Palma (1868 – 1950).

     El novelista francés Pierre Benoit (1886 – 1962) está pleno de acierto cuando nos dice: “De mis disparates de mi juventud lo que más pena me da no es el haberlos cometido, sino el no poder volver a hacerlos”. ¡Ya pasó ese bendito tiempo!

     Y ya que hemos nombrado a los discentes, me hago eco de una anécdota sobre la docencia acaecida en tiempos de la dictadura (1923 – 1930) de Miguel Primo de Rivera y Orbaneja (Jerez de la Frontera, Cádiz; 1870; París, 1930) y en la que se nombraron unos delegados gubernativos que, entre otras ‘tareas’ deberían vigilar si los maestros cumplían con sus obligaciones profesionales. 

     En la provincia de Orense se quejaron de que el delegado había dado órdenes a la Guardia Civil para que visitaran las escuelas, y que, para mayor inri, obligara a los docentes a utilizar un librito que había editado con el rimbombante título de:

     “Consejos a los niños para que sean buenos”.

     Esta sentencia que sigue basta para calificar al libro en cuestión:

     “El niño bueno procura // no jugar con la basura. //  Debes ser muy aplicado, // pues lo manda el delegado.”.     

     Y como empezamos, acabamos, pero con dos jugosas citas:

     La del gran Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 1843; Madrid, 1920), novelista, dramaturgo, cronista y político español, que nos dejó esta reflexión, tan en boga hoy día:

     “Y aunque yo era entonces un chiquillo, recuerdo que pensé lo siguiente: un hombre tonto no es capaz de hacer en ningún momento de su vida los disparates que hacen a veces las naciones, dirigidas por centenares de hombres de talento”.

     Y la de nuestro ilustrísimo Miguel de Cervantes Saavedra (1547 – 1616), que pone la guinda: “El refrán que no viene a propósito, antes es disparate que sentencia”.

Juan de León Aznar … 23, noche mágica… 24, ¡felicidades a Juanas y Juanes’2026!


Sobre el autor