Si un individuo tiene mucha imaginación o se deja llevar por fantasías, generalmente carente de fundamentos nos estamos refiriendo a alguien fantasioso; es decir, el que prioriza el pensamiento creativo al práctico
Las personas recurrimos, a veces, a la fantasía para refugiarnos en un mundo mental más agradable, deseable o emocionante y así evadirnos del estrés, el aburrimiento o la insatisfacción.
Creativo, fantástico, idealista, iluso, imaginativo, inventivo, quijotesco, quimérico, soñador o visionario son algunos de sus sinónimos más comunes, aunque en otro sentido se les califica como un sujeto creído, fatuo, presuntuoso, vanidoso o vano.
La lengua de ficción es conocida como ‘lengua de fantasía’ y es creada por un autor que busca con gran entusiasmo el interés y el entretenimiento.
Citas célebres o frases fantásticas han supuesto pensamientos de grandes filósofos, escritores o científicos de todas las épocas, que han removido nuestro interior o nos han tocado de cerca por el enorme componente reflexivo que contienen.
Y aquí expongo algunas para comenzar este anecdotario ciento dieciséis:
“Para crear lo fantástico, primero debemos entender lo real”, porque la realidad nos inspira para crear proyectos… Walt Disney (1901 – 1966).
“Fantasía más fantasía no puede sino dar algo más fantástico” … Antonio Skármeta (1940 – 2024) … sólo se multiplica.
“Si la vida no fuera fantástica sería absolutamente incomprensible”, no tendría ni pies ni cabeza… Bertrand Regader (1989).
Se jactaba el ilustre escritor, filólogo, crítico literario, historiador y político cántabro Marcelino Menéndez y Pelayo (1856 – 1912) de tener una memoria prodigiosa, cuestión esta que no dejaba lugar a la duda, diciendo que se sabía al dedillo el nombre del autor, el título del libro y el del editor de cualquier libro que se publicara en España.
El también escritor, además de periodista y político español, aunque nacido en La Habana (Cuba), Ramón Rodríguez Correa (1835 – 1894), se complacía en poner a prueba tal memorión, saliendo siempre perdedor, pero un día le dijo:
“Don Marcelino he encontrado un libro utilísimo que quizá usted no conoce”.
“¿Cuál es?”, preguntó interesado.
Las ‘pistas’ fueron: “Uno editado en Ridaura, de Alcoy”.
Menéndez y Pelayo, pasó varios días torturando su memoria y, al fin, se dio por vencido. Entonces, Rodríguez Correa sacó de un bolsillo un librillo de papel de fumar, diciéndole:
“¡No me negará que es utilísimo… para los fumadores!”.
Poco faltó para que el insigne escritor no se liara a bofetadas con su interlocutor.
Cuentan de una señora que, visitando un museo, comentó:
“Lo que más me choca es este pintor llamado INRI, que no hace más que pintar crucifixiones”.
Naturalmente, esa buena señora no sabía que el término INRI no es más que la abreviatura de la inscripción que el prefecto romano Poncio Pilatos (12 a.C. – 39 d.C.) hizo colocar sobre la cabeza del crucificado y que significa “Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum”; es decir, “Jesús Nazareno rey de los judíos”.
Este rótulo lo leyeron muchos de los judíos porque el lugar donde fue crucificado Jesús estaba contiguo a la ciudad y el título estaba escrito en hebreo, griego y latín, aunque algunos autores apuntan a que se realizó en arameo y que quien escribió el texto lo hizo en hebreo de derecha a izquierda, como se escribe en este idioma y, probablemente, la traducción al griego y al latín también se puso al revés de lo habitualmente usado. Ello no causaría extrañeza en griegos y romanos, ya que estaban acostumbrados a ver documentos e inscripciones de sus respectivos idiomas escritos de una forma inversa del hebreo.
Los pontífices de los judíos, al leerlo, dijeron a Pilato:
“No has de escribir rey de los judíos, sino que él ha dicho: “Yo soy el rey de los judíos”.
El gobernante respondió: “Lo escrito, escrito está”.
Cuando Napoleón I Bonaparte (1769 – 1821) fue a coronarse rey de Italia, entre otras inscripciones alegóricas que le pusieron, una de ella fue INRI, lo que alarmó al emperador hasta que le fue descifrada: “Imperator Napoleón Rex Italiae”.
¡Todo aclarado!
Otra inscripción llevaba el nombre del compositor italiano Giuseppe Fortunino Francesco ‘VERDI’ (1813 – 1901), que era la que utilizaban los partidarios de la unificación de Italia y que significaba: “Vittorio Emmanuele Re d’Italia”; o la monárquica española VERDE durante la Segunda República, que quería decir… “Viva el rey de España”.
Y todo lo expuesto me lleva al siguiente chascarrillo. Un lugareño de la sierra malagueña bajó a la capital a visitar a un amigo y éste quiso que conociera Torremolinos. Paseando por sus calles se fijó en los rótulos que rezaban: “Snack Bar”, y al cabo de un par de horas recorriéndolas le dijo a su acompañante:
“¡Vaya ‘cadenilla’ que tiene montada aquí el amigo Snack!”.
Y es que las siglas tienen su aquél, como los dos alumnos a los que pregunté por el significado de E.S.O. y la tan en boga O.T.A.N., y me respondieron:
“Escolaridad Socialista Opcional” y “Organización de Trabajadores Andaluces”.
Juan de León Aznar … felicitando al barrio de San Miguel por sus pasadas fiestas
